El triunfo de la ideología burguesa en el Cándido, de Voltaire
La activa vida que Voltaire llevó dentro de la corte francesa y el rebosamiento de aventuras que se narran en tan breve novela, ha llevado a muchos a sugerir que Cándido es uno de los pocos ejemplos que conocemos de literatura rococó. Sin embargo, si miramos un poco más de cerca al tiempo en que esta novela se creó, podríamos entender mucho mejor cómo en Cándido, Voltaire se encuentra exhibiendo el gran conflicto de su época: la pérdida de poder de la aristocracia –bajo cuyas órdenes el Rococó prolifera- y su transferencia a la naciente burguesía, representada en la escritura neoclásica.
La sociología de la literatura es el método que nos permite analizar e interpretar las obras literarias basándonos no su estructura lingüística, sino por el contexto social que las rodea. La literatura es vista por esta teoría como un fenómeno social, y así, se observa a una obra literaria y al autor de la misma como partícipes de diversas relaciones con el momento histórico en que se desenvuelven y el tipo de sociedad a la que pertenecen.
Este tipo de análisis permite desarrollar conclusiones sobre una obra en particular a partir de las relaciones probables que existen entre la estructura literaria del texto y las estructuras sociales, es decir, observando en el texto aquello que conocemos de la sociedad de donde proviene.
De esta forma, la intención de este ensayo es probar que Cándido, escrito por Voltaire en 1759, es un texto neoclásico y no una novela rococó, al comprobar la gran diferencia que existe entre este estilo artístico y la novela de Voltaire.
Francia, nación cambiante, en tiempos de Voltaire
La época precisa en la que se desarrolló la vida de Voltaire fue una de innumerables cambios para Francia. Desde que comenzó a gestarse lo que se conoce como la Ilustración, la visión tradicional del mundo fue ampliamente cuestionada y enfrentada a las nuevas posturas resultantes de la ciencia y sus recién formuladas leyes sobre el universo, lo que condujo a renovar la percepción de las personas sobre la vida.
En Francia, este movimiento, que había comenzado con las ideas de Locke y las teorías de Newton en Inglaterra, fue particularmente poderoso. Surgieron numerosos filósofos y científicos que compartían algunas ideas generales que contrariaban la ideología común de la época: un desprecio hacia las supersticiones y la oposición religiosa al desarrollo de las ciencias, la creencia en la libertad individual y de expresión, y la confianza en la naturaleza racional del hombre.
Estas ideas filosóficas, junto con otras artísticas, eran comentadas y discutidas con frecuencia en los salones de París, en donde los intelectuales, los nobles y la gente ilustrada de la clase media se mezclaban y charlaban con frecuencia. Probablemente era en ocasiones tensa la atmósfera en estos lugares, puesto que parte de la aristocracia se sentía amenazada por el creciente poder de la burguesía en los ámbitos económico, político y social
Alrededor de 1571 se publica la gran obra conocida como la Enciclopedia, símbolo de la Ilustración y en la que trabajaron los más destacados filósofos dirigidos por Denis Diderot. Su contenido pretendía abarcar todo lo conocido hasta entonces en temas de historia, ciencias y tecnología, y criticaba fuertemente a la Iglesia y al sistema de gobierno.
La publicación de este material fue polémica. La Iglesia Católica prohibió la obra y muchos de los colaboradores fueron mandados a prisión. Sin embargo, la Enciclopedia continuó leyéndose y sus ideas fueron ampliamente difundidas en Europa y, posteriormente, en América.
El arte en los tiempos de cambio
El tiempo que para el estudio de esta obra nos interesa, enmarcado por el final del siglo XVII y por el siglo XVIII, vio pasar tres estilos artísticos de importancia: el barroco, el rococó y el neoclásico. Cada uno de ellos no sólo presentaba elementos distintos unos de otros, sino que representaba posturas aún más diferentes.
El Barroco se caracteriza por expresar la emoción de manera muy intensa, provocando un cierto efecto dramático, en el que juegan constantemente las oposiciones
Con frecuencia al Rococó se le considera como la última etapa del barroco porque también es rico en ornamentación ostentosa, pero algunos autores lo definen como un estilo artístico independiente debido sus marcadas diferencias
Posteriormente surge el Neoclasicismo como una reacción contraria a ambos movimientos: su principal característica es la sencillez de la forma, así como lo fue la fastuosidad de la ornamentación en los otros dos estilos, sin que por esto dejen de ser majestuosas sus creaciones. Los artistas neoclásicos se inspiraban en las grandes obras de la antigüedad grecolatina, y sus ideales eran la belleza sencilla y fría, la claridad y el orden, y el retrato fiel de la naturaleza. Se siguen fielmente las reglas de la estética, basadas en aquellas de los antiguos para cada una de las artes. Pero el Neoclásico también participa de los asuntos propios de su tiempo: se encuentra lleno de un sentimiento de liberación y crítica, se burla de los absurdos que persisten en ese tiempo y se dirige a la creciente burguesía como su público y su mecenas.
Un estilo transitorio: el Rococó
El Rococó estuvo casi siempre al servicio de la aristocracia y, en ocasiones, de la clase media alta
En la arquitectura, las construcciones no son ya monumentales, sino que se limitan a salones, pequeñas mansiones, hoteles, en los cuales se pretende crear un ambiente de cercanía. Para toda ornamentación metálica, el dorado es sustituido por la plata. Los detalles cobran una mayor importancia: las porcelanas, los tapices y las miniaturas cuidadosamente elaborados adornan cada uno de estos espacios.
En la pintura, la figura con líneas definidas desplaza a las manchas y siluetas. Los colores oscuros son cambiados por tonos más alegres y “ligeros”, como el rosa, el verde y los tonos pastel. Con frecuencia, la plástica rococó reprodujo las distracciones y las diversiones de la sociedad a la que se destinaba
* Las fantasías sobre el mundo pastoril fueron de las favoritas de la aristocracia francesa, especialmente para las mujeres. En la Francia del siglo XVIII es posible encontrar desde las muestras más sencillas, como la lectura de narrativa y poesía bucólica
El rococó literario
El Rococó no es considerado, salvo raras excepciones, como un estilo literario formal, y son muy pocas obras podrían ser consideradas dentro de esta categoría. En general, quienes estudian el tema localizan dentro de la literatura rococó algunos trabajos de poesía ligera y no de narraciones
Para cumplir con las características de esta estética, una obra de la literatura rococó debería poseer alguna similitud, aunque sea ligera, con la escritura barroca en cuanto a forma, por ejemplo, que fuera abundante en metáforas y adjetivos. Sin embargo, la temática sería completamente opuesta a la de producción barroca: sus temas principales serían de tipo amatorio y cuyos pasajes describirían aventuras de amantes, galanteos, chantajes y seducciones.
La novela rococó es en todo similar a la pintura de los representantes de esta época, como Watteau y Fragonard. Tratan de aventuras amorosas en las que el papel de la sociedad es abrumador, puesto que los personajes deben aprender a mover las piezas de su juego según las reglas que ésta les dicta
No hay cabida en el Rococó literario para la crítica o la reflexión, no se trata de retratar un mundo más allá de los palacios, las maisons o los jardines. Es tan sólo una ‘literatura de evasión’
La historia de Cándido
La novela de Cándido narra las peripecias de un joven ingenuo que vive una vida regalada en el castillo de un barón de Westfalia hasta que es sorprendido tratando de besar a la hija de éste, por lo que es expulsado del que considera “el mejor y más bello de los castillos”. Sus aventuras lo llevan a recorrer numerosos lugares del mundo y a conocer a más diversos personajes.
Aunque su meta es regresar con la hija del barón, Cunegunda, pareciera que su propósito al recorrer el mundo y observar las distintas formas de vida es comprobar si es o no cierto lo que le decía el preceptor del castillo de Westfalia, el filósofo Pangloss, que “todo es perfecto en el mejor de los mundos posible”. Cándido es un optimista que cree, enseñado por Pangloss, que no hay nada mejor que sentarse a pensar sobre los problemas eternos mientras se está en el mejor de los lugares que podrían existir.
Cándido es una novela satírica, y como tal, la figura retórica imperante en todo el relato es la ironía, y por medio de ella se critican las más diversas instituciones, formas de pensamiento y actitudes sociales que caracterizaban el Viejo Régimen y su mundo anticuado.
Por ejemplo, en los capítulos referentes a la catástrofe de Lisboa, se hace una burla de la superstición y los actos bárbaros que todavía en ese tiempo caracterizaban a la Iglesia y al Santo Oficio. Cada vez que Cándido repite la máxima de Pangloss, en realidad se refiere a la metafísica de Leibniz
Las peripecias son narradas de manera casi totalmente informativa. Con de las aventuras de Cándido y sus amigos conocemos a antiguos reyes y condes, como a seres fantásticos. A través de todo el relato se nos cuentan innumerables tragedias, se habla sobre el sufrimiento de los que han poseído todo y lo pierden, y de los que nunca han poseído nada. Un caso excepcional, el país de Eldorado, es dichoso porque no está preocupado en poseer; quizá sea ésta una crítica más a una de las sociedades más consumistas de la historia, la aristocracia francesa.
Al final de la obra, Cándido se reencuentra con su meta ideal, Cunegunda, aunque ya no es joven ni bella como cuando la amó por primera vez. Sus aventuras terminan y consiguen asentarse, junto con todo su grupo, en una especie de paz al poner fin a sus viajes y encontrarse sin un solo centavo. Pero el mundo según lo pensaba Cándido y lo defendía Pangloss les resulta inútil: los ideales por los que peleaban pierden su brillo y la vida filosofando se vuelve aburridísima. ¿Era ese realmente el mejor de los mundos posibles?
Una moraleja
La solución del problema que hacia el final de la obra se les presenta a nuestros héroes es la clave para comprender el propósito de la misma, y hasta parece servir como recompensa después de las innumerables aventuras satíricas que pierden mucho al estar tan lejos en el tiempo.
Dentro de su tediosa existencia nueva, Cándido y Pangloss se topan con un anciano que –a diferencia del informado filósofo- no sabe nada de lo que sucede en las ciudades ni le importa detenerse a pensar en las causas del mejor de los mundos o en otros problemas metafísicos; su vida la pasa en una casita con un pequeño huerto y sus jóvenes hijos, y todos se preocupan exclusivamente de trabajar la tierra para obtener lo que necesitan e incluso más. Esta familia es más feliz que todos los reyes que han conocido a lo largo de sus andares y, sorprendentemente, no conocen el aburrimiento del que ellos sufren constantemente.
Esto resuelve a Cándido. Se da cuenta que la solución a sus problemas, tanto de bancarrota como de tedio, se encuentran en el modo práctico del anciano. Desde ese momento, el grupo entero está decidido a dedicarse a actividades industriosas, como cultivar el jardín o cualquier otro trabajo para el que demuestren aptitud y sea útil para la vida comunitaria. Todo con una condición: no se admiten discusiones, es decir, no hay lugar para la contemplación.
Una conclusión sobre Cándido: definiendo su estilo según su ideología
Al leer esta celebre novela de Voltaire, podemos encontrarnos una multiplicidad de elementos que nos ayudan a encontrar su clasificación dentro de los estilos artísticos de la época, algunos de los cuales se encuentran en esta conclusión.
Cándido es una novela en la que abunda la crítica social, usualmente bajo la forma de parodia, lo que la constituye como obra satírica. Esto significa que el lector de la época se estaría enfrentando a situaciones para él reales y cotidianas, representadas y ridiculizadas en la lectura, produciendo así la reflexión y no una pasiva recepción de lo narrado. Esto no encaja con el concepto de literatura de evasión
Su forma de narrar la historia es más bien austera: pocos son los adornos y las figuras utilizadas, a diferencia del Barroco y del Rococó.
La principal evidencia que encontramos para aplicar un estilo a Cándido lo encontramos en su moraleja expresada en el final de la obra. Voltaire propone como solución el trabajo contra el ocio, y esto es tan importante como simbólico. El ocio y el trabajo son dos conceptos representan en realidad a dos grupos sociales: la aristocracia, pues su ritmo de vida depende del entretenimiento y la diversión; mientras que el trabajo, en cambio, es el símbolo de la burguesía y su principal valor
Finalmente, Cándido no es una expresión del arte rococó, sino un fruto completo del Neoclasicismo y de uno de sus mayores representantes: Voltaire. Su exaltación al trabajo y su negación a la contemplación ociosa, su alejamiento del ambiente de las cortes, la simplicidad de las relaciones amorosas y la ausencia de episodios galantes que carecieran de ironía, no permitirán dudar de que Cándido, lejos de pertenecer a la literatura rococó, sea un completo contrario a ella.
Bibliografía
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