2.
Su respiración comienza a dar vueltas en mis oídos como una canción de cuna. No quisiera naufragar, dormir, regresar al sueño. Cierro los ojos, mas no duermo. Quiero sentir el calor de su mano sobre mi espalda. Cálida, sí, áspera y fuerte también. Deslizándose sobre mi piel erizada.
Sabe que no duermo. Con su mano me sujeta del brazo para girarme. Mi rostro, muy pequeño a comparación del suyo, inmóvil y a corta distancia. Lo observo, los dientes apretados, la mirada penetrante. Se detiene. Me mira. Escucha. Aspira.
"Has crecido" dice.
Desde lejos, el rumor de las olas viaja a través del silencio.
~ * ~
3.
Realmente no puedo andar de puntitas sobre la arena. Hace cosquillas, y al cabo de un poco mis pies comienzan a hundirse. Entonces debo saltar para escaparme de ella, y es como bailar.
Al fin me decido a bailar, danzas sin música, improvisadas, reflejos de ondulaciones pasajeras. Siempre al alcance de su vista, en el territorio conquistado por su mirada.
Quizá sea una muñeca. Quizá sólo existo en el universo que él ha creado, y nada más.
Trato de no salir de ese círculo imaginario, temerosa de desaparecer en cuanto él no me observe. Temerosa, más bien, de no ser vista.
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